Educación: de la pregunta a la formación

09 dic. 2019 | Agustín Porres

Una buena formación permitirá a los maestros tener un papel más activo, dinámico, y les dará un espacio para desarrollar su creatividad, y establecer una relación cada vez más cercana con cada alumno.

Educación: de la pregunta a la formación

 

Sólo captaremos la atención si lo que expresamos es significativo para el otro.

 

Hay que volver a la pregunta”, aseguraba un maestro de Uspallata, Mendoza, mientras presentaba un proyecto de Aprendizaje Basado en Proyectos -ABP-.

Como él, más de 350 escuelas públicas de esa provincia trabajaron proyectos de medioambiente, ciudadanía digital, consumos problemáticos, cultura del agua, educación emocional y vial, emprendedurismo y energías renovables.

La acción es parte de la iniciativa de construcción del diseño curricular de Mendoza, donde se busca colocar al alumno en el centro del aprendizaje, involucrándolo desde su propia curiosidad.

Creo que es un rumbo. Sólo captaremos la atención si lo que expresamos es significativo para el otro, es decir, si tiene que ver con sus intereses, con su propia vida. Este es el punto de partida, la escucha. Y ese lugar exige la humildad de salir de uno mismo y encontrar en el otro alguien en quien confiar.

Los estudiantes pueden apropiarse de herramientas, desarrollar la imaginación, la creatividad, la reflexión y dar respuestas desde la experiencia. Entre el testimonio de decir y el de hacer, lo sabemos, el más fuerte es el de hacer. Esa es la propuesta; “hacer” a través de proyectos, partiendo de problemas reales que ayuden a investigar la realidad en la que viven y transformarla.

Una nueva formación como desafío urgente. En muchos de esos proyectos resonaba una misma pregunta: ¿Cómo ven los chicos su propia escuela? ¿Cómo es la escuela que les gustaría tener? Esa pregunta me llevó de nuevo a poner la mirada sobre la formación docente. Desafiar a los chicos implica, antes, desafiarnos a nosotros mismos. Por momentos la formación docente parece haberse empantanado en formalidades, olvidando su esencia y perdiendo la conexión con la vida real. Si la formación profundiza su rumbo de cambio, si responde a los interrogantes del presente, hay esperanzas de que tenga más impacto en las escuelas.

Si la carrera docente es un espacio vivo, estimulante, desafiante, lo que va a brotar en la escuela va a ser eso mismo. En cambio, si la carrera es chata -como ocurre algunas veces- y rígida, es muy probable que generemos una escuela burocrática. ¿Cómo hacemos para que todos los espacios de formación sean espacios significativos y transformadores? Una buena formación permitirá a los maestros tener un papel más activo, dinámico, y les dará un espacio para desarrollar su creatividad, y establecer una relación cada vez más cercana con cada alumno.

Aquí un dato: luego de su paso por el programa de ABP encuestamos a 283 participantes, y observamos que la participación de sus alumnos pasó del 23% al 63% en la sugerencia de contenidos y del 34% al 59% en la realización de experimentos, entre otros índices. Una mejora concreta y significativa en el corto plazo.

Podemos tener una escuela que confíe más en los chicos y una sociedad que confíe más en sus maestros, ofreciéndole más herramientas para descubrir la mejor versión de lo que podrían ser. Los resultados nos confirman un rumbo y nos motivan para seguir trabajando junto a los maestros para que nuestras escuelas sigan creciendo.